Ginebra, entre el 7 y el 17 de Marzo, es oficialmente el centro de la industria automotriz gracias a su Salón del Automóvil.


Y es diferente a otros “Autoshows Tanques”, como Detroit, Fráncfort o París, que se desarrollan en las “casas” de los importantes fabricantes mundiales. Este evento “se juega en cancha neutral”, y es tan importante que es el único salón anual europeo reconocido por la Organización Internacional de Constructores de Automóviles (OICA).


Aunque comenzó a celebrarse en 1905, la exposición ginebrina no pudo sustraerse a los efectos de la Segunda Guerra Mundial, y sus secuelas económicas posteriores, de manera que las 113 ediciones que pudieron haber sido se han quedado en 90.


En los pabellones de Palexpo, el recinto que acoge históricamente la feria, han visto la luz innumerables modelos entre los que ha habido de todo: coches míticos desde el momento preciso de su nacimiento, como el Lamborghini Miura –que hizo temblar, dice, al mismísimo Enzo Ferrari–, fiascos de notable envergadura y un sinfín de otros vehículos cuya trayectoria resultó discreta en comparación con estos hitos.

Siempre se dijo que este salón marca tendencias y adelanta lo que vendrá; como muestra de esto veamos que este año se registraron 100 marcas y más de 900 automóviles
En pleno desarrollo del Salón de Ginebra, se observa que los SUV continúan mostrando que son la norma, y que hay impresionantes vehículos superdeportivos; hay un sinfín de eléctricos con autonomías cercanas e incluso superiores a los 400 km y numerosos prototipos hipertecnológicos.


Sin excepción, las grandes marcas presentan sus joyas para el “Hoy”, y su particular interpretación del futuro de la movilidad, con vehículos híbridos o eléctricos.
Por David Gil