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Shell, 100 años en la argentina.

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A semanas de comenzada la Primer Guerra Mundial, arribó al puerto de Buenos Aires, el buque petrolero más grande del mundo para ese entonces (1914), trayendo una carga de fuel oil y asfalto mexicanos enviados por la Royal Dutch Shell, fundada en 1907, en Holanda por Marcus Samuel, a su primer representante en el país, la Anglo Mexican Petroleum Products Co., con sede en la ciudad de Buenos Aires.
Ese 10 de septiembre comenzó la larga historia de Shell en la Argentina. Los primeros pasos fueron cargamentos regulares de productos bituminosos de 500 a 1.000 toneladas para clientes como Cervecerías Palermo. Para fin de año, Shell estaba terminando de construir seis tanques en Dock Sud para almacenar productos pesados y ya comercializaba en el mercado argentino el Transoil y el Ordoil, ambos aceites de uso industrial.
Luego, de esos tanques, partió una red de cañerías para abastecer de combustible a clientes industriales. Shell operaba un departamento de asfaltos con técnicos especializados en vialidad y una flotilla de buques cisterna para abastecer navíos que cada día recalaban en el puerto en Buenos Aires.
Años después, Shell comenzó a explorar su primera concesión. Más adelante, empezó la comercialización de diesel oil en tambores de 800 litros y envíos al interior.
El paso se aceleró cuando se abrió la primera sucursal en Rosario. Comenzó también la importación de nafta y kerosene, y a su vez se inició la exploración del Yacimiento Diadema, a 27 kilómetros de Comodoro Rivadavia.
A ocho años de llegar al país, la presencia de Shell estaba madurando. Shell lanza su primera marca de nafta, “Energina”, vendida en carros tanque. En Mar del Plata se inauguraron los primeros surtidores “Little Junior”, que despachaban a razón de tres litros por minuto. En todo el país se vendía a domicilio el kerosene “Aurora”, una verdadera revolución en los hábitos cotidianos de los argentinos.
Con la Primera Guerra Mundial ya en el recuerdo, el parque automotor en el país se expandía rápidamente. Shell abría depósitos y sucursales por todo el país. En 1923 se inauguró el depósito de Casa Amarilla en el barrio de La Boca, que recibía vagones tanque desde Dock Sud.
Los Años Veinte, fueron un período de expansión y prosperidad para todo el mundo, y se dio el descubrimiento de petróleo en el yacimiento, Diadema Argentina, que era la denominación de Shell en ese entonces.
Comenzó a explotarse el pozo y Shell efectuó los primeros envíos de crudo propio hacia Buenos Aires y en ese año se adquirió los terrenos de Dock Sud para construir su refinería.
Para ese entonces se abrieron los depósitos en Puerto Galván y Rosario, se lanzaron los lubricantes Energina, se perforaron nuevos pozos, se abrió la oficina Concordia , se botaron nuevos buques y barcazas cisterna, y se reemplazaron gradualmente los carros de venta a domicilio por camiones Dennis. Cada vez había más surtidores, que comenzaban a aparecer hasta en las flamantes rutas.
Se construyó la Planta Sola de lubricantes en Barracas.
Y fue en 1929, que se inauguró la primera Estación de Servicio Shell, en la esquina de Libertador y Corrientes, Olivos. Contemporáneamente se construyen otras seis estaciones.
Años después se inauguró la refinería de Dock Sud, procesando una carga de mil toneladas diarias de crudo. A la semana de operaciones, se despacharon las primeras toneladas de fueloil Maroil y de gasoil, y días más tarde salen las primeras naftas de la planta , en tanto que la planta de Barracas puso en el mercado sus primeros lubricantes. A su vez la flota mercante de Shell continuaba incorporando buques a su flota, la compañía se concentraba en sus actividades comerciales, incrementando su capacidad de refinación de crudo de otras compañías al mismo tiempo que entra en operación la planta de tratamiento de gas en Dock Sud. En la tercera década de Shell en la Argentina, se inauguraron dos edificios simbólicos de su presencia en el país, su Casa Central de Esmeralda y Diagonal Norte, en la ciudad de Buenos Aires y el Club Shell en la avenida Libertador, en la localidad de Olivos, Pcia. de Buenos Aires.

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En 1938, Interesada en nuevas tecnologías y nuevos mercados, fue entonces que la empresa estrenó el servicio de abastecimiento de combustible de aviación y comenzó a ampliar la planta de Dock Sud, resultando de allí las nuevas líneas de emulsión asfáltica, de grasas, lustramuebles, etc.
Siguiendo con su ininterrumpido crecimiento, se inauguró el laboratorio de Planta Sola, en Barracas, como polo de investigación y desarrollo.
Con la Segunda Guerra Mundial paralizando completamente las importaciones de combustibles, el yacimiento Diadema aceleró su producción hasta llegar a los 738.631 metros cúbicos.
Sin descanso, los buques tanque de la empresa llevaban toda su producción de crudo a la Refinería de Dock Sud.
El fin de la Segunda Guerra Mundial reanimó el comercio mundial y abrió una época de expansión para la Argentina, en la que sectores todavía pioneros de su desarrollo crecieron exponencialmente. Por ejemplo, el de la aviación. En 1946, Shell abrió su estación de abastecimiento en la terminal civil de Morón, por entonces el principal aeropuerto de Buenos Aires.
También se inauguró otra, de características únicas en la Dársena F del puerto de Buenos Aires, especialmente adaptada a los hidroaviones y lanchones.
Un año después, Shell produjo el primer combustible especial para motores a turbina, con el que abasteció la primera escuadrilla de jets de la Fuerza Aérea Argentina , equipada con aviones Gloster Meteor británicos.
Poco después, comenzaron las ventas de gas licuado para Gas del Estado y se incorporaron más navíos. También entró en operaciones el complejo de lubricantes en la refinería.

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Shell terminó su cuarta década en Argentina con 300 estaciones de servicio en todo el país y con la agencia de lubricantes más austral del mundo, a treinta metros del canal de Beagle, en Ushuaia.
La quinta década de Shell en la Argentina fue de expansión y de una importante diversificación de la oferta de productos al público. En Dock Sud se inauguró la primera planta del país de refinación con furfural para aceites lubricantes.
Se lanzaron las resinas Epikote para la fabricación de pinturas y esmaltes, los aceites Shell X- 100, Shell 2T y Shell Rotella T, las naftas Super Shell, y se abasteció con Aeroshell 650 a la flamante flota de aviones Comet IV de Aerolíneas Argentinas, los primeros jets de pasajeros en operaciones en el país.
Shell dejó de importar diferentes crudos para combustibles y lubricantes, y la demanda local se comenzó a abastecer con productos nacionales. Se comenzaba a exportar combustible al Paraguay y su flota continuaba incorporando buques. A mediados de los 60’, la empresa ya tenía 4.200 surtidores en todo el país, y en 1969, estrena el primer minimercado ubicado en una Estación de Servicio para brindar una prestación integral de servicios al público consumidor. En los 70’, se completó un programa de modernización que elevó la capacidad de destilación primaria a 19.000 metros cúbicos diarios. Fue así que se cumplió el primer millón de horas/hombre sin accidentes con tiempo pedido --un récord que se repetiría varias veces.
Cabe destacar que entre 1975 y 1977: todas las bocas de expendio de combustibles fueron nacionalizados y pasaron a depender de YPF. Fue así que Shell se concentró en la refinación. También se inauguró la planta de despachos de camiones con 15 islas automáticas de carga. En Corrientes se abrió la Estación de Servicio número 700 de Shell.
Se lanzaron al mercado los lubricantes Shell Super Motor Oil y dos nuevos tipos de naftas. En su visita al país, el avión supersónico Concorde se abasteció con Shell Jet A-1 en Ezeiza. Una importante inversión en Ezeiza permitió la instalación de equipos que abastecían los aviones a un ritmo de 2000 litros por minuto.. Se lanzó el lubricante Shell Super Plus y el primer sistema de autoservicio para la venta de combustibles.
En su séptima década de actividades en la Argentina, Shell renovó sus 961 bocas de expendio introduciendo surtidores electrónicos y minicomputadores. La octava fue una década de consolidación del liderazgo para la compañía. En otra innovación que cambió el mercado, Shell lanzó los primeros envases plásticos para lubricantes y en 1986 estrenó la primera estación de servicio de Gas Natural Comprimido privada. Al año siguiente se produjo una revolución en el mercado de aceites, con el lanzamiento del lubricante Helix.
A mediados de la década, las exportaciones de la compañía superaban los 34 millones de dólares anuales y se realizaban importantes inversiones en el puerto de Dock Sud, y además en la planta refinadora. Shell participó en el Plan Houston con cinco áreas, cuatro de ellas de riesgo y una de mediano riesgo. La flota de la empresa seguía creciendo. Para fines de los ochenta, Shell era la empresa privada con mayor volumen de ventas del país y, pese a las altísimas tasas de inflación, lanzó un masivo plan de inversiones.
Se incluía una nueva planta de polipropileno en Ensenada –un joint venture con Ipako SA- - que produciría 100.000 toneladas por año con una inversión final de 217 millones de dólares, e importantes obras en la planta de Dock Sud.
El impulso aumentó la participación de la compañía en el mercado y sus exportaciones superaron los 67 millones de dólares.
La desregulación de los años noventa consolidó a Shell al frente del sector petrolero. Se lanzaron al mercado las naftas Fórmula Shell, los lubricantes Harvella S para uso agropecuario, las primeras naftas sin plomo y nuevos servicios como los “Car wash” en Estaciones de Servicio. Shell retomó la producción de crudo en el área San Jorge y recibió la certificación ISO 9002 para el proceso de producción de sus lubricantes.
Al terminar su octava década de actividades en la Argentina, Shell inauguró la más avanzada planta de lubricantes del país --entre las más modernas del mundo-- . Se lanzaron al mercado el gas oil Fórmula Diesel y los lubricantes Myrina M y Rotella TX. Shell era la empresa petrolera más prestigiosa del país, según sondeos entre formadores de opinión.
En la primera mitad de su novena década en el país Shell invirtió más de 1300 millones de dólares en la expansión y consolidación de los negocios y presencia de su marca en Argentina. Shell tenía intereses en cuatro áreas concesionadas para la exploración y explotación de hidrocarburos y sus clientes podían abastecerse en cualquiera de sus 1182 estaciones de servicio diseminadas a lo largo y a lo ancho del país.
Durante la década se impuso en la Compañía la filosofía de la gestión sustentable, donde los beneficios no pueden y no deben estar disociados de los principios. Los aspectos económicos de una gestión empresarial están de esta forma completamente vinculados con los aspectos ambientales y sociales en la cual esta se inserta.

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Fue en 1984 que Shell lanzó los primeros envases plásticos para lubricantes y en 1986 estrenó la primera estación de servicio de Gas Natural Comprimido privada. Es así como la Compañía aceleró sus inversiones y cuidado del medio ambiente. La refinería Dock Sud inauguró unidades de tratamiento de efluentes líquidos, de reducción de dióxido de azufre y aguas agrias para poder así atender a exigentes criterios auto impuestos de protección ambiental.
El programa de renovación de su red de estaciones de servicio incluyó el reemplazo de todos los tanques de almacenamiento de combustibles de treinta o más años de antigüedad por unidades nuevas, más fuertes, limpias y ecológicamente seguras, respondiendo a los estándares más altos en la materia.
Nuestros esfuerzos en el área ambiental incluyeron la obtención y mantenimiento de las certificaciones ISO 14001 de aptitud ambiental. En 1997, Shell ingresa en el mercado de Gas Licuado de Petróleo.
En estos años se introdujeron al mercado de combustibles nuevos productos que tuvieron una altísima aceptación entre el público, nos referimos a la nafta premium de más alta performance del mercado: Shell V-Power y al diesel que aporta la mejor protección ambiental: Shell Pura Diesel. No podemos dejar de mencionar también la continua actualización experimentada por la línea Helix de lubricantes automotor.
El inicio del nuevo siglo, con sus contradicciones y esperanzas, mostró a los combustibles en la Argentina afectados por el continuo incremento de los precios en el mercado internacional y la devaluación que sufriera nuestra moneda al decretarse el fin de su convertibilidad con el dólar.
Aún así, Shell continuó confiando en su marca de muy alto nivel de aceptación en el mercado nacional, y con el mejor de los recursos, su gente.
En 2011, Shell Gas automatiza todas sus plantas industriales, permitiéndole incrementar en 30% su capacidad operativa, en 2012, Shell emprende un proyecto para la exploración y explotación de yacimientos no convencionales de petróleo crudo y gas en la Cuenca Neuquina. Se presenta en el mercado las nuevas formulaciones de combustibles premium para motores Shell V-Power Nitro+ (nafta & diésel).
A 100 años de su llegada, en 2014, Shell Helix presenta su nueva tecnología PurePlus para aceites sintéticos, con bases lubricantes obtenidas a partir de gas que aseguran la máxima pureza. En estos últimos años, a pesar de las dificultades, la convicción y seguridad con que Shell mantuvo su posición fueron destacadas por sus clientes y también por diferentes sectores de la sociedad. La Compañía reforzó su accionar en el país, continuando y perfeccionando sus programas sociales, contribuyendo al desarrollo de las comunidades en las que trabaja, respetando el medio ambiente y demostrando que, a pesar de las adversidades que se presentan en el actual contexto, es posible persistir, como estos últimos 100 años, en la búsqueda de una sociedad mejor para todos los argentinos.

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