La correa de distribución

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La correa de distribución

La rotura de la correa de distribución es una de las complicaciones más habituales que padecen los autos, y puede transformarse en un serio dolor de cabeza.

Lo que sucede es que ésta, que parece una sencilla pieza, puede terminar con la vida del motor, puesto que su principal función es la de sincronizar el movimiento del cigüeñal y el árbol de levas, para que las válvulas puedan abrirse y cerrarse sin ser golpeadas por los pistones.

Hay momentos en los cuales la correa se rompe sin haber dado señales de un mal funcionamiento, pero en casi todos los casos este problema se puede evitar estando atento a cualquier ruido o comportamiento anormal del auto y conociendo cuándo cambiar la correa de distribución.

Podemos hablar de síntomas para el cambio de esta correa, y los libros de mantenimiento del vehículo son muy útiles para ésta y otras situaciones.
Los fabricantes recomiendan un kilometraje máximo, a partir del cual es necesario reemplazar la correa de distribución; algunos modelos 60.000 kilómetros, y otros, 150.000 kilómetros.
Permanentemente, los fabricantes recomiendan revisar la correa de distribución cada cinco años en busca de muescas, grietas o decoloración que indiquen un desgaste. Esta correa, está hecha básicamente con caucho, goma y nylon, un material que envejece y se deteriora.

El clima, también atenta contra la correa de distribución, cuando las temperaturas son extremas y con elevada humedad ambiental. En esos casos, es mejor ser precavidos y revisar el estado de la correa cada cuatro años.

Hay cinco llamados de atención, que nos llevarán al cambio de la correa:

1. La correa con grietas. Si un control visual detecta que la correa tiene grietas, llegó la hora de cambiarla. Tanto porque la correa es muy antigua, o por una tensión o alineación inadecuada. Eso si, si solo se encuentran en el reverso de la correa, pueden estar causadas por una temperatura de trabajo muy alta.



2. Ruido en la transmisión. Si se escucha un ruido poco frecuente en la transmisión, es probable que la tensión sea incorrecta. A veces basta con ajustar la tensión pero en otros casos será necesario cambiar la correa de distribución.



3. Vibra el auto. Si mientras el auto está detenido con el motor encendido se percibe una inusual vibración, es casi seguro que se deba a que la correa está en mal estado, por lo que los pistones y las válvulas están pagando las consecuencias.

4. Problemas para arrancar. Si el vehículo tarda más de lo normal en arrancar y se oye un ruido raro, puede ser que se deba a la correa de distribución, sobre todo si ya tiene varios años.



5. Un brillo poco usual. Cuando la correa tiene un aspecto muy brillante en algunas zonas, casi siempre se debe a una mala alineación o una tensión incorrecta. Si el brillo se ve en los bordes, será necesario comprobar la alineación, pero si se nota en los dientes, es probable que la tensión sea demasiado alta o que el engranaje no sea el adecuado.

Por David Gil

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