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Energía panaroma muy complicado al comenzar 2016

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El nuevo Gobierno se encamina a cumplir su tercer mes. Pasaron las fiestas, y ya van dos meses de 2016.

Enero tiene el record de haber sido el Enero más caliente desde 1880. Febrero es en Buenos Aires agobiante. El panorama energético mirado para los próximos tres años es altamente preocupante. El Gobierno intenta con razón poner orden en la economía energética. Aumenta las tarifas eléctricas, lo que era un hecho esperado, porque la fantasía del kirchnerismo, de tener electricidad al precio de una Coca por bimestre por siempre, era una ficción – una ilusión tercermundista - que no podía durar. Con la política tarifaria del gobierno que se fue el 10 de diciembre, el sistema se dirigía a la quiebra segura.

Sin embargo el problema, desgraciadamente, no se puede curar con un simple aumento tarifario, al fin y al cabo una decisión administrativa antipática y molesta para el bolsillo, pero una decisión administrativa al fin. La realidad de mediados de Febrero, nos muestra que el sistema eléctrico argentino entró en una fase superior de la crisis energética, tantas veces anunciada por los políticos y técnicos especializados en la Energía y tantas veces negada por el Gobierno de Cristina.

Ahora los argentinos nos anoticiamos que el problema energético ya no es un problema de la distribución eléctrica en el Gran Buenos Aires, que después de todo solo afecta a los “vivos” de Buenos Aires, favorecidos por la demagogia del gobierno anterior.

Ya el problema, no es el corte de electricidad en los barrios de Buenos Aires, y que la televisión reproduce hasta el cansancio, trasmitiendo en vivo y en directo el piquete cacerolero, con que los vecinos de la gran ciudad expresan su malestar por la tardanza de Edenor o Edesur en reparar las fallas que se producen por doquier, de una forma desordenada cada vez que el calor arrecia y el mal humor social aumenta. El 12 de febrero pasado con una temperatura agobiante, la demanda máxima del sistema eléctrico argentino superó los 25.350 Mw Ese día, el sistema llegó a su límite técnico en cuanto a su capacidad de abastecer la demanda con los medios disponibles; esto es con las unidades generadoras de todo el país aptas para prestar el servicio, más la importación de Uruguay; Brasil y Paraguay. ¡No hay más generadores para abastecer más incrementos de demanda!

Ese límite técnico, marcó el punto culminante de la crisis; de allí para adelante solo queda el racionamiento programado de la electricidad, como solución técnica racional para los días laborables y calurosos. Vale una aclaración: estos cortes programados, nos son como los cortes del 89 del Gobierno de Raúl Alfonsín que, aunque molestos, se superaron en unas 12 semanas, y que se debieron a una situación coyuntural (salida de servicio por tiempo muy prolongado de Atucha; reparación extraordinaria del Chocón y gran sequía en el río Uruguay).

Ahora las causas de los cortes programados son estructurales, y costará mucho superarlas. Estamos viviendo el fin del relato de 12 años. A partir de allí, la realidad cruda y dura. Cuando la temperatura aumenta la luz se corta. No ya por una falla no previsible de un cable sobrecargado de un barrio cualquiera, sino por la decisión racional de un funcionario que reparte la penuria en forma rotativa e igualitaria.

Después de todo, la Democracia tiene eso. Los cortes son para todos: para el rico de la Avenida Alvear en Recoleta, y para los barrios humildes del gran Buenos Aires; y también para el interior profundo.

Esto que nos sucede, es un mal que no nos merecemos los argentinos.

Ningún sistema eléctrico, ni en Argentina ni en el mundo, está libre de sufrir un accidente. Pero esto que pasa entre nosotros, de no poder abastecer la demanda máxima en un día caluroso de verano, nos es normal y habla de un serio deterioro en las forma de planificar y gestionar la Energía, y en general la Infraestructura en nuestro país, que debería ser un llamado de atención para cualquier partido político que en serio se proponga gobernar la Argentina en los próximos años.

¿Terminan nuestras penurias energéticas ahora cuando en menos de un mes empiece el otoño? De ninguna manera, el sector energético muestra grandísimos desequilibrios, que van desde la necesidad de recuperar el autoabastecimiento energético perdido; la de volver a explorar para descubrir nuevos yacimientos de petróleo y gas natural, recuperando la senda histórica malograda desde hace más de 20 años; y fundamentalmente, tenemos que entre todos, pasar desde una matriz energética no sustentable basada en el consumos de energías apoyadas en los hidrocarburos, a una matriz sustentable fundamentada en la energía renovable.

Estamos ante una oportunidad histórica de cambiar. Podemos ser protagonistas del cambio. La condición es que seamos capaces de interpretar nuestro tiempo, y que asumamos cada uno la responsabilidad que nos cabe.

¡Ciudadano bien informado vale por dos!

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